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Poemas, Cuentos y Leyendas

El Juglar Perdido

...Y alguna que otra reflexión...

 

Escuela del Alma
Es el Rey y el asesino
Cancelado

...Y el discípulo insistió en ayudar al Maestro a recibir a las personas que se aglomeraban a las puertas de la

Escuela del Alma

El maestro accedió: - Gracias amado discípulo, ve y recibe únicamente Amor, pero recuerda que sólo puede ser recibido desde lo Alto pues los nidos ya no son útiles después que han caído a la orilla del camino. Mientras, Yo prepararé el alimento divino de tal manera que pueda llegar a los buches de cada pichón hambriento y pueda ser digerido sin demora.

El discípulo se dirigió hasta la Puerta de Entrada, y, como suele suceder, creyendo haber entendido las palabras de su maestro, comenzó a realizar «su función». Lo primero que encontró fue un grupo de jóvenes, cuya algarabía era tal que impedía fueran escuchados los golpes que daban contra el marco de la Puerta otro grupo de hombres desesperados. Y el discípulo se dirigió a todos diciendo:

-Ésta no es la manera de presentarse a un lugar santo como éste, si queréis entrar debéis cambiar primero vuestra forma de acercarse.
Una mujer protestó: -¿Eres tú el maestro?
-No lo soy -dijo el discípulo-, pero estoy cumpliendo lo que él me encomendó.
-¡Pues tu maestro es un idiota! –continuó la mujer- ¡Mejor vámonos de aquí!

Mientras algunos se retiraban, otros insistían, pero el discípulo afinaba cada vez más «su función»:
-¿Consumen alcohol? ¡No prestan atención!, ¡no obedecen! ¡Esto no es amor! ¡No hablan ni caminan pausadamente!, ¡no dicen la verdad!, ¡desean demasiado!, ¡lo que no cuesta no se valora!, ¡no respetan! ¿Están de acuerdo con aquella mujer? ¡No están en silencio!, ¡no tienen disciplina!, ¡no hay alegría! ¡No comparten! ¿Por qué están aquí? ¡Vuelvan cuando estén más tranquilos! ¿Ocultan? ¡Deben venir con ropa limpia y aseados!, etc...

Y continuaba utilizando criterios de selección que, hasta ese momento, sólo habían aprisionado su propia alma. Al caer la tarde el discípulo se sentía triste y desolado, pues no había personas para compartir el Gran Festín que su amado maestro había preparado.

El maestro preguntó: ¿Dónde están Todos? A lo que el discípulo respondió: -Estoy agotado, y no sé por qué estoy tan decepcionado y triste, siento que algo no está bien, hay mucho ruido en mi mente. Ya no me siento digno de estar aquí, mejor vuelvo en otro momento cuando esté más preparado y pueda recibir el alimento calmadamente.
El maestro replicó: -¿Y sabes adónde ir?
-No, no sé –dijo el discípulo.
-¿Sabes cuál es la fuente de lo que sientes?-, continuó el maestro. -Cómo saberlo maestro, si hasta siento miedo de sus palabras –respondió el discípulo bajando la mirada.
-Y..., ¿tienes hambre?

El maestro puso su mano en la cabeza del discípulo avergonzado, y repitió su última pregunta. El discípulo la volvió a escuchar por primera vez cual sentencia que cambiaría para siempre su vida.
-Sí, tengo mucha hambre –respondió el discípulo entre sollozos, mientras esperaba el Juicio Final como Respuesta a todos sus actos.

-Y..., ¿qué le ofrecerías a todo aquel que estuviera en tu misma condición?-, cuestionó el maestro. Mientras, el discípulo dirigió su mirada a la Puerta de la Escuela, y con alegría comenzó a escuchar cómo las personas se aglomeraban nuevamente.

Ya Amaneció! –dijo el maestro-. Vamos adentro. Desayunemos con el Alba, y demos gracias al Altísimo de que el Nido que nos ha ofrecido sea imperturbable.

En ese mismo instante pudieron ver que la Puerta de la Escuela estaba abierta de par en par, a lo que el discípulo, aún asustado reaccionó diciendo: -¡Maestro! ¡Son demasiadas personas!

Claro! –dijo el maestro mientras lo abrazaba y saltaba de alegría festejando - ¡Son todas! ¡Todas las personas!, pues no hay nadie que no sea únicamente Amor. -Amén.

...Un forastero, aparentemente
perdido, atraído por la danza magistral
en la que todos se consagraban al Ser,
regaló sus primeras palabras,
revelando la esencia de la verdadera
razón por la que todos buscaban
reunirse:
-¿Y quién les dijo que es Amén?
Es ¡Amen!... ¡Amen!...